Cuando Bruce Wayne (Christian Bale) tenía apenas ocho años de edad se encontraba en una cueva, que para su horror, estaba atiborrada de murciélagos revoloteando, impidiendo así que la luz -que ya era escasa- se pudiera divisar. Este hecho lo marcó de tal manera que un día, cuando se encontraba en la ópera con sus muy adinerados y filántropos padres, les suplicó que se salieran del espectáculo al percatarse de que los actores vestían trajes de murciélago.
Luego de la pronta salida del teatro, Bruce es testigo del asesinato de sus padres; esto le deja un sentimiento de culpa que lo acompañará por el resto de sus días y que sólo encontrará consuelo en la búsqueda de vengar a sus progenitores.
Sin embargo, su antigua novia de la infancia, Rachel Dawes (Katie Holmes) lo convence de buscar las respuestas dentro de sí mismo, más allá de la revancha personal.
Es así como el joven Wayne se embarca en un viaje a Asia para convertirse en el aprendiz de Henri Ducard (Liam Neeson), miembro de la misteriosa Liga de las Sombras, quien le enseñará el arte de la disciplina, las costumbres ninjas y a desarrollar y controlar sus sentidos y habilidades hasta convertirse en un luchador de niveles casi sobrehumanos.
Luego de siete años fuera, Bruce finalmente regresa a Ciudad Gótica y descubre que está infestada de delincuencia, en manos del crimen organizado. Ahora, con la ayuda de su incondicional mayordomo Alfred Pennyworth (Michael Caine), el honesto detective Jim Gordon (Gary Oldman) y Lucius Fox (Morgan Freeman), un científico que trabajaba para su padre, Wayne desarrolla una identidad secreta con la que peleará contra los maleantes que se han apoderados de la ciudad y así hacer que la justicia vuelva a reinar.