En la segunda parte de la exitosa trilogía dirigida por Peter Jackson continúa la aventura de un interesante grupo, bautizado como la Comunidad del Anillo, cuyo propósito es conseguir destruir el Anillo en el Monte del Destino, luchando contra los seguidores del mal.
En esta etapa de la historia la Comunidad del Anillo ha debido separarse. Frodo (Elijah Wood) y Sam (Sean Astin) siguen el peligroso camino hacia Mordor, mientras el hombre Aragorn (Viggo Mortensen), el elfo Legolas (Orlando Bloom) y el enano Gimli (John Rhys-Davies) persiguen a los urukhai creados por el traidor mago Saruman (Christopher Lee) quienes tienen en su poder a los hobbits Ferry (Billy Boyd) y Pippin (Dominic Monaghan).
Frodo y su acompañante conocen a un enigmático personaje, se trata de Gollum (Andy Serkis). Una criatura que ha sido terriblemente transfigurada por el poder del Anillo y que debido a su deseo de tenerlo de vuelta los acosa para lograr un acuerdo. Él promete ayudarlos a llegar más rápido a su destino a cambio de su liberación.
Al mismo tiempo, el otro grupo llega al Reino de Rohan. En él encuentran a quien fuera en el pasado el benevolente Rey Théoden (Bernard Hill) manipulado por Gríma Lengua de Serpiente (Brad Dourif), súbdito de Saruman.
Es allí también donde Aragorn pondrá a prueba el amor que siente por la elfa Arwen (Liv Tyler) y su promesa, pues conoce a Éowyn (Miranda Otto), sobrina del Rey, quien lo ve como la salvación de su pueblo. Además lo atormentan las palabras de Gandalf (Ian McKellen) que le recuerdan que su destino está en el sufrido reino.
Paralelamente estos grupos deberán enfrentarse en la Tierra Media a enormes ejércitos, árboles vivientes, traiciones inesperadas, dudas y difíciles decisiones. Y más importante aún, tendrán la tarea adicional de vencer a las fuerzas de las dos torres: la de Orthanc en Isengard, donde el siniestro Saruman ha formado un ejército de diez mil soldados; y la de Barad-dûr, fortaleza de Sauron, levantada en la temida tierra de Mordor.